Ojos de Brujo
Es de noche. El dÃa laboral ha terminado. Sólo quedan algunos workaholicos en las oficinas, algún niño despierto que no se quiere ir a dormir. Ahora es la hora de los adultos libres, es la hora de salir a cenar, a pasear, a vivir. Ojos de brujo está tocando en el Highline Ballroom. Cerveza y tequila. Un vestido vaporoso. Ganas incontrolables de bailar. Caderas. Faldas con cinturones en las caderas. Piernas. La gente está vestida sin cuidado, eso parece, pero si ves, si observas detalladamente te das cuenta, que esa falda tiene vuelo, que esos tennis saben brincar, que ese fleco fue cortado para llamar la atención y resaltar unos ojos profundos…
Ella domina el escenario. Ella, Marina, la de los dreadlocks, con diadema gitana, con una banda verde sobre la cabeza, le daban 30 centimetros de alto y parecÃan pesarle casi cinco kilos, pero aumentaban su gracia. Y ellos indomables, batiendo los instrumentos, haciendo rumba, ritmo, flamenco. La bailadora con tanta presencia. Y las luces, la música, el baile, el público agradecido. ¡Qué noche! Transportada a otro momento. Al lugar gitano, donde la sangre arde, donde el momento pesa, la pasión domina.
